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Travel in Spain

Archivo: Agosto 2007

31/08/2007 GMT 1

Un viaje por París

travelspain @ 22:48

Querido viejo: 

Me permito decirte viejo, a pesar de que eres más joven que yo. Siempre has aparentado ser mayor. Bueno, el motivo de mi carta es avisarte que luego de haber leído la tuya, me di cuenta de algo. Tú, llevado por gran amor que me tienes, dejaste de viajar para estar a mi lado. Ahora yo voy a dejar de lado la vida apacible que llevamos y hacer, mientras podamos, turismo por todo el mundo. Nuestro primer destino es París, la cuidad del amor. Tú me llevaste a Venecia, una cuidad romántica. Yo te llevo a París, nos pueden decir cursis, pero a nuestra edad está permitido. Lo tengo todo programado, para que te des cuenta que tu Amanda piensa en ti. Luego de abordar el avión, que nos lleva de Madrid a París en 90 minutos. Bajamos en el aeropuerto de Orly, donde tomamos cualquier transporte público que posee la ciudad. Nuestra primera parada turística es la Torre Eiffel, símbolo del romanticismo parisino. Todavía no subimos a conocerla. Paciencia. De allí partimos en un paseo por el río Sena en un bateaux mouches, que son barcos de amplio techo acristalado, que nos van a permitir una mejor vista.  Ya no tenemos la vista de lince, que teníamos de jóvenes. Salimos de las orillas del Puente d’Iena, que está al pie de la Torre hasta donde nos lleve la corriente. Pasando por el Puente de I’Alma, el de Les Invalides y otros. Nos bajamos para hacer turismo y conocer La Catedral de Notre- Dame, la   iglesia más conocida de París. Si vieras las fotografías del folleto te quedarías asombrado. Es realmente bella y el Sena la bordea por completo.  Al finalizar la visita, abordamos la embarcación y volvemos al puerto.  De regreso a la Torre Eiffel, completamos nuestro paseo conociéndola por dentro.  Hay dos maneras de subir, por las escaleras o por ascensor, para nosotros la segunda opción es la mejor. Llegamos a la segunda planta que está a 115m de altura y disfrutamos del paisaje. Si tuviéramos unos añitos menos subiríamos a la cima que se encuentra 276m, pero estamos en edad de cuidarnos. No te preocupes por la comida, en la Torre hay dos restaurantes. El primero es el Altitude 95, que se encuentra a 95 m de altura y permite una perfecta vista del Sena y Trocadero. El segundo es el Jules Verne, pero a pesar de haber ahorrado toda nuestra juventud, es para personas más pudientes. Así que nuestra primera cena romántica en París será en el Altitude 95. Tú y yo juntos, tomados de las manos y declarándonos todo el amor que por años nos hemos dado el uno al otro.  Los hoteles son variados en el lugar, me permití escoger uno con vista a la Torre Eiffel. Se que estarás de acuerdo conmigo. Para la mañana tengo programado un paseo por los alrededores de la ciudad. El barrio de Montmartre, es nuestra tercera parada. Donde visitaremos la Basílica del Sagrado Corazón, sabes que no puedo dejar de visitar ese lugar que todos los años alberga cientos de feligreses que van a deleitarse con su hermosura.  Después de una larga caminata, es bueno comer algo. Por eso, luego de conocer la basílica nos detendremos a comer.  Para terminar nuestro viaje, visitaremos el Louvre, distinguidísimo museo parisino. No podemos irnos de París sin visitar La Gioconda o Monalisa. Bueno viejo ese es todo el programa, sé que te agradará. No soy tan romántica como tu pero te doy todo lo que tengo. Besos.          Tu Amanda

30/08/2007 GMT 1

Mi aniversario en Venecia

travelspain @ 23:13

Querida Amanda:

Ya ha pasado un año, desde aquel viaje que realizamos para celebrar nuestro aniversario de bodas. Recuerdas cuando me dijiste “viejo ya no estamos en edad de viajar”. Siempre te caracterizaste por ese carácter tranquilo, pasivo, no muy aventurero. Yo con los años me acostumbre. Te amaba, te amo. Luego de escuchar tu respuesta, esperada, por cierto; pensé “si no es ahora, nunca”. Pero no dije nada más, lo deje pasar.  En la tarde, como era costumbre, dábamos nuestro paseo por el parque. Estaba un poco desanimado, distraído. Tú me miraste, con esos ojos miel, sabías lo que me pasaba. Pero no dijiste nada. Miraba cada calle alrededor del parque, las casas, las tiendas, todo igual. Hace 30 años que nos mudamos a este lugar, nada ha cambiado. Ese panorama me desanimaba aún más. Siguiendo con la mirada cada casa, mis ojos tropezaron de casualidad con una tienda. No era una tienda, sino una agencia de viajes. Me dije esta es una señal. Te tenía sujetada del brazo, y te lleve hasta allá. Tu no comprendías el por qué de mi presuroso caminar. Sólo me seguiste.   Al ver la agencia de viajes, me tomaste la mano y asentaste la cabeza. Esta vez te unías a mi como mi compañera de viajes. El encargado, un joven muy amable nos pregunta que lugar vamos a visitar. Me detuve a pensar un momento, en parte tenías razón, éramos algo viejos. ¡Lo tengo!, a Venecia, respondí, parecía un niño cuando le preguntan que quiere para navidad. Dos boletos, sí, a Venecia.  Cuando pensaba en nuestro viaje a Venecia, nos imaginaba montados en una góndola, meciéndonos al ritmo de cada remada de algún gondolero. Abrazados como recién enamorados. Sé que esto puede sonar cursi, pero estamos viejos, nos podemos permitir esas licencias. Paseando por los famosos canales.  Asombrados por la belleza y majestuosidad de sus palacios e iglesias, que parecen emerger del agua. Un panorama ensoñador. Y tú a mi lado. Fuimos casa, arreglamos las maletas. Algo ligero. Paramos el primer taxi que vimos pasar. “Al aeropuerto, por favor”. Allí caminamos lo más rápido que pudimos, los achaques de la edad siempre jugándonos una mala pasada. Abordamos el avión. Creo que tu falta de espíritu aventurero, se debía a que no te gustaba volar. Sin embargo, ese día tomaste mi mano y el miedo de tus ojos se desvaneció en los míos. “Vamos hacer turismo “. “Quién iba a pensarlo, turismo de viejos”, sonreíste. Aterrizamos en el aeropuerto de Venecia. Tú estabas preocupada por el aterrizaje. Te explique que el aeropuerto se encuentra en tierra firme y que de allí podíamos tomar un autobús o ferrocarril. Optamos por el ferrocarril para ir a la ciudad, nos parecía más romántico. Además tú querías imitar una escena de tus telenovelas favoritas, no recuerdo el nombre.  Al llegar a la ciudad, buscamos un hotel para dejar nuestras cosas. No podíamos perder el tiempo en descansar en él, ya nos faltaba poco para descansar definitivamente. Nos registramos en un hermoso hotel de donde se podía ver los canales y a los gondoleros paseando a parejas. “Bueno donde empezamos hacer turismo, viejo”. En el folleto de la agencia de viajes había una cantidad de lugares para visitar: palacios, iglesias y puentes. Quedamos que los canales serían el último lugar a visitar, luego de nuestra caminata por la ciudad. Empezamos por los palacios, había muchos y las imágenes que se mostraban en el folleto eran hermosas, decimos por uno: El de Ca’ d’ Oro. Llegamos al lugar, un poco exhaustos, era impresionante. En tus ojos se podía reflejar la bella de este palacio hecho museo. A la vez ellos se confundían con el mármol dorado que adorna su fachada. Salimos del lugar emocionados por la impresionante belleza arquitectónica renacentista.  Nuestro segundo destino turístico, la Basílica de San Marcos. Tu siempre has sido muy religiosa, una ferviente católica. Los ojos se te llenaron de lágrimas. Sacaste el rosario de tu madre y caminaste delante de mí. No me importo sabía cuanto significaba para ti.  Luego de ver esta imponente basílica de cuatro cúpulas, con decoraciones de mármol y mosaicos. Nos fuimos a merendar a la plaza de San Marcos. Nos habían dicho que era un excelente lugar para comer y ver a las palomas. Acabando de almorzar, nos divertimos con las palomas. Decidimos hacer un último paseo al Puente de los Suspiros. Uno de los más famosos de Venecia. La vista desde aquel lugar es increíble.  Desde allí pudimos ver las aguas del lago que baña todo la cuidad de Venecia.  Nuestro viaje terminó con el añorado paseo en góndola, que antes del viaje ya había soñado. Todo sucedió exactamente como lo soñé o era un sueño. “Pellízcame “, te dije. Tú volteaste a mirarme. “Estás loco”. Allí concluyó nuestro viaje a Venecia, el segundo viaje de nuestras vidas. Y quiero decirte vieja, que no me arrepiento de haber pasado 51 años a tu lado. Eres la mejor.                                                                                          Tu Viejo

29/08/2007 GMT 1

Un amanecer en Viena

travelspain @ 21:23

Piero es un muchacho que le encanta el cine. Pero a diferencia de sus amigos que son aficionados a las películas de Silvester Stallone y La Roca, él tiene un gusto peculiar por las películas románticas. Se ha hecho casi una costumbre tenerlo como el blanco de burlas, en las reuniones del jueves. Reuniones, que él inició para ver películas con sus amigos y de las que poco poco fue apartándose, por no coincidir en los gustos temáticos.

Un día cansado de estas constantes molestias, decide cancelar el día del espectador como él lo llamaba. Esto no cambió su preferencia por el género romántico, atribuido principalmente a las mujeres. Le gustaba y no iba a cambiar. Una tarde buscando películas para alquilar, ve una que le llama la atención: “Antes del amanecer”. Queda cautivado al leer la sinopsis de la película y decide rentarla. Prepara todo para verla sin que nadie lo moleste, acomoda el viejo sillón que desde niño lo acompañó, en su travesía por miles de películas, desde Los Picapiedra hasta “Antes del amanecer”. Toma asiento y se dispone a ver la película. Cada diálogo, cada escena, cada imagen, cada sonido queda grabado en su mente. Termina de ver la película consternado y sin saber que pasaría luego. Tendría que esperar alquilar la secuela. ¡Diablos, como no la compré!, se lamenta. Sin embargo aquella historia filmada en Viena, lo lleva a una resolución. Iría a Viena y encontraría al amor de su vida. Hace unos meses había sufrido una decepción amorosa, juró no volver a enamorarse. Ahora esta película lo había hecho cambiar de opinión.

Tomó el dinero que le hacia falta, no llevaba mucho equipaje, iría como el protagonista de su propia película. Este viaje iba a ser su “Antes del amanecer”. “El primer vuelo a Budapest”, le dijo a una de las señoritas que atendía. “Hay uno con escala…”-ella contesta. No me importa quiero llegar lo más pronto posible-la interrumpe.

Al llegar a Budapest, Piero está resuelto a revivir ese idílico romance de las pantallas.

Primer paso: Tomar un tren hasta Viena.

Piero aborda el tren, donde conocería al amor de su vida. Espera sentado a que el destino, juegue un papel fundamental en la historia, haga lo suyo.

Segundo paso: Conocer a la chica de sus sueños

Pasan los minutos, comienza a desesperarse. El tren avanza, ve como poco a poco se aleja de la estación. Cuando aparece por el corredor una chica guapa de cabellos serpenteantes. Parece dirigirse al asiento de al lado. No, falsa alarma. Le toca viajar sólo. Sin embargo, eso no lo desmotiva. Ya ocurrirá algo. Mira por la ventana del tren aquel maravilloso paisaje tiene cada lugar de Hungría. Va dejando atrás Budapest, sus edificaciones que poseen un diseño imponente, una arquitectura majestuosa, lugares como el Parlamento de Budapest, el Castillo real de Buda, La estación del Oeste, entre otro.
“¿Este asiento está ocupado?”, pregunta una muchacha. No lo puede creer. Este es el momento que había estado esperando. No, responde Piero. ¡Tengo que hablar! Piensa.
Hola, ¿A dónde te diriges?-dice Piero. A Viena, responde la muchacha. Sí, por fin-piensa él. ¿Turismo? Sí, Viena es un lugar hermoso dotado de una singular arquitectura con calles empedradas, construcciones maravillosas y una cultura impresionante. Sabes que es una de las grandes capitales musicales del mundo, ¿No?- pregunta ella. Sí, es un lugar esplendido para hacer turismo y conocer toda su historia, plagada en las calles y guardada cuidadosamente en el Barrio de los Museos. ¿Viajas acompañada?-pregunta él. Mostrando una fugaz sonrisa, ella contesta: “No. No pierdes el tiempo”.
A pesar que el guión de su película no estaba apegada a la original (la muchacha de la película se dirigía a París), no estaba dispuesto a interferir en su destino.
Después de conversar por un buen rato, el tren se detiene ya llegaron a Viena. No puede ser, ¿Ahora qué hago?-se pregunta. ¿Quieres acompañarme a hacer Turismo por ciudad?- pregunta la muchacha, mientras se recoge el cabello. Piero que estaba abstracto en su mundo, no puede entender que pasa. Responde que si, sin saber cual fue la pregunta.

Tercer paso recorrer Viena hasta el amanecer

Todavía sin saber que había dicho la mucha, camina junto a ella hasta salir de la estación. ¿Qué hacemos? ¿A dónde vamos primero?-pregunta ella. Piero la miró fijamente, por fin estaba conciente de lo que pasaba. Empecemos donde tu decidas, pero te propongo algo. La muchacha le subió la mirada que estaba concentrada viendo los mapas y guías de viaje, y se le quedó mirando. ¿Qué propones? Recorramos Viena hasta el amanecer, dijo él. ¿Tienes algo que hacer mañana?, ella respondió. Sí, regresar. ¿Te animas?, preguntó. “Está bien, nunca he hecho algo así, será divertido”.
Decidieron que su primer destino turístico sería el Barrio de los museos. Visitaron el Museo Leopold, el de Arte Moderno Wien, el Centro de Arquitectura de Viena, el Museo infantil Zoom y Dschungel Wien. Cansados por recorrido por ese barrio lleno de cultura decidieron comer algo por el camino y sentarse a seguir charlando en un parque. Era casi de noche. Sin embargo, estos dos viajeros debían seguir su camino. Pasearon por plazas, calles empedradas, salones musicales, bares. Piero no podía creer que lo que marcaba su reloj. Era de madrugada. Faltaba poco para que terminara este viaje. Piero no quería dejarla, era su destino estar junto a ella. Lo que había ocurrido a raíz de una película, se estaba convirtiendo en realidad. Ella lo miro y le dijo es hora de despedirnos. Él no quería. Ella tomo su mano y se despidió de él con un beso suave en los labios. El sólo se quedó parado, sin moverse, mientras ella se desvanecía por las calles.

De regreso a casa

Al salir del estado que lo sacó del mundo por un momento, corrió, trato de alcanzarla. Pero ella ya había desaparecido entre las casas y calles. Regresó a casa con un dolor en el pecho que lo ahogaba. No podía creer lo tonto que fue. Estando en casa suena el teléfono. Contesta. Esa voz me parece familiar, se pregunta. Soy la muchacha del tren, olvidaste tu celular en mi bolso.

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