La cultura musulmana ha influido mucho en la cultura y el arte de la España de ese entonces, poblada por el imperio visigodo. Hay desde cánticos de una manera suave y sensual hasta sus grandes obras arquitectónicas. Los árabes tuvieron tres etapas en el desarrollo del arte en la península ibérica y que se ve reflejada en su arquitectura y otras artes plásticas:
La etapa Califal: en esta etapa podemos ver algunos tipo de construcciones como la mezquita, de un diseño en forma de cuadrado orientado hacia la Meca, el muro sagrado donde se ora hasta nuestros días; el alcázar, de forma rectangular con habitaciones en cuya parte central se encuentran bellos jardines en forma de laberinto y fuentes muy decorativas; muy parecida a la Alcabaza, una gran fortaleza en forma de rectángulo con torres cuadradas y una torre de vela, lugar por donde era posible vigilar al enemigo. Estas y otras muestras de este etapa las encontramos en las ciudades de Málaga, Córdoba y Toledo, junto con la amurallada ciudad con su característica principal: la Puerta de Bisagra. Lo más saltante del arte en esta etapa califal es el uso del arco en forma de herradura. En su interior, la decoración, que era importada desde Siria, tiene su toque de creatividad musulmana al no colocar figuras en forma humana y tampoco de animales sino, los sustituye por los bellos motivos de caligrafía (frases), formas geométricas y figuras de vegetales. Este tipo de decoración abunda en los techos y en las paredes de estas maravillosas obras de arquitectura.
La etapa Almohade: se desarrolló en los siglos XII y XII, sobretodo en Sevilla, donde nace en una etapa en la que los grupos árabes deseaban tener una vida más austera en su vida familiar y comunal. A causa de esta perspectiva social, es que se utilizó el ladrillo y las torres se constuyeron en forma de cuadrado con poca decoración; en esta etapa se crean los azulejos y se hace una mezcla de las escrituras árabe y cristiana. La Giralda en Sevilla es un claro ejemplo de esta etapa artística. La corriente artística Nazarita, corresponde a la decadencia de este periodo donde el dominio arábico en la península se reduce a la zona geográfica de Granada, donde encontramos el más exponente hito cultural de España: La Alhambra. La característica principal de este estilo es la forma y el tallado en yeso en la parte interior de las construcciones, es tan fino que nos hace pensar que se trata de un bordado en las paredes y en sus altos techos en donde se colocaban con mucha estética hermosos mosaicos de color azul, un color predominante en este arte. No se usaban puertas, pero estas, si había, tenían el mismo estilo en sus salones y sus tallados. Los techos, siempre sobrecargados de decoración, dan la idea de una imagen del cielo con sus magníficos trazos de los artistas de esa época. Las celosías, patios que separaban los salones del harén con los del sultán, permitían percibir la gran sutileza de movimientos en su interior de las mujeres del sultán y de todas sus intrigas de su vida de placer.
La etapa Mudéjar: es una etapa de sincretismo donde los árabes que se habían convertido al cristianismo se ubicaron en las zonas que estaban siendo reconquistadas. Su obra de arquitectura más saltante es el Alcázar de Sevilla junto con las Sinagogas de Toledo. De igual modo, la forma como se trabajaba el oro es la mejor herencia que tiene la antigua capital del imperio visigodo, Toledo, en su estilo damasquinado toledano; éste consiste en labrar con tres tipos de hilos de oro con golpes pequeños formas de paisajes y bellas figuras con un fondo de acero negro. Este arte de la orfebrería tuvo dos formas de uso: en las armas de guerra, donde las espadas tiene una empuñadura de mucho lujo marcado con sus nombres junto con sus escudos que hacían referencia a los caballeros que lucharon en las cruzadas. En su artesanía, la influencia árabe fue tal que dejo otra herencia: el buen uso del marfil y de la madera; en este arte destaca el estilo y la forma de construir cofres en madera.