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Travel in Spain

30/08/2007 GMT 1

Mi aniversario en Venecia

travelspain @ 23:13

Querida Amanda:

Ya ha pasado un año, desde aquel viaje que realizamos para celebrar nuestro aniversario de bodas. Recuerdas cuando me dijiste “viejo ya no estamos en edad de viajar”. Siempre te caracterizaste por ese carácter tranquilo, pasivo, no muy aventurero. Yo con los años me acostumbre. Te amaba, te amo. Luego de escuchar tu respuesta, esperada, por cierto; pensé “si no es ahora, nunca”. Pero no dije nada más, lo deje pasar.  En la tarde, como era costumbre, dábamos nuestro paseo por el parque. Estaba un poco desanimado, distraído. Tú me miraste, con esos ojos miel, sabías lo que me pasaba. Pero no dijiste nada. Miraba cada calle alrededor del parque, las casas, las tiendas, todo igual. Hace 30 años que nos mudamos a este lugar, nada ha cambiado. Ese panorama me desanimaba aún más. Siguiendo con la mirada cada casa, mis ojos tropezaron de casualidad con una tienda. No era una tienda, sino una agencia de viajes. Me dije esta es una señal. Te tenía sujetada del brazo, y te lleve hasta allá. Tu no comprendías el por qué de mi presuroso caminar. Sólo me seguiste.   Al ver la agencia de viajes, me tomaste la mano y asentaste la cabeza. Esta vez te unías a mi como mi compañera de viajes. El encargado, un joven muy amable nos pregunta que lugar vamos a visitar. Me detuve a pensar un momento, en parte tenías razón, éramos algo viejos. ¡Lo tengo!, a Venecia, respondí, parecía un niño cuando le preguntan que quiere para navidad. Dos boletos, sí, a Venecia.  Cuando pensaba en nuestro viaje a Venecia, nos imaginaba montados en una góndola, meciéndonos al ritmo de cada remada de algún gondolero. Abrazados como recién enamorados. Sé que esto puede sonar cursi, pero estamos viejos, nos podemos permitir esas licencias. Paseando por los famosos canales.  Asombrados por la belleza y majestuosidad de sus palacios e iglesias, que parecen emerger del agua. Un panorama ensoñador. Y tú a mi lado. Fuimos casa, arreglamos las maletas. Algo ligero. Paramos el primer taxi que vimos pasar. “Al aeropuerto, por favor”. Allí caminamos lo más rápido que pudimos, los achaques de la edad siempre jugándonos una mala pasada. Abordamos el avión. Creo que tu falta de espíritu aventurero, se debía a que no te gustaba volar. Sin embargo, ese día tomaste mi mano y el miedo de tus ojos se desvaneció en los míos. “Vamos hacer turismo “. “Quién iba a pensarlo, turismo de viejos”, sonreíste. Aterrizamos en el aeropuerto de Venecia. Tú estabas preocupada por el aterrizaje. Te explique que el aeropuerto se encuentra en tierra firme y que de allí podíamos tomar un autobús o ferrocarril. Optamos por el ferrocarril para ir a la ciudad, nos parecía más romántico. Además tú querías imitar una escena de tus telenovelas favoritas, no recuerdo el nombre.  Al llegar a la ciudad, buscamos un hotel para dejar nuestras cosas. No podíamos perder el tiempo en descansar en él, ya nos faltaba poco para descansar definitivamente. Nos registramos en un hermoso hotel de donde se podía ver los canales y a los gondoleros paseando a parejas. “Bueno donde empezamos hacer turismo, viejo”. En el folleto de la agencia de viajes había una cantidad de lugares para visitar: palacios, iglesias y puentes. Quedamos que los canales serían el último lugar a visitar, luego de nuestra caminata por la ciudad. Empezamos por los palacios, había muchos y las imágenes que se mostraban en el folleto eran hermosas, decimos por uno: El de Ca’ d’ Oro. Llegamos al lugar, un poco exhaustos, era impresionante. En tus ojos se podía reflejar la bella de este palacio hecho museo. A la vez ellos se confundían con el mármol dorado que adorna su fachada. Salimos del lugar emocionados por la impresionante belleza arquitectónica renacentista.  Nuestro segundo destino turístico, la Basílica de San Marcos. Tu siempre has sido muy religiosa, una ferviente católica. Los ojos se te llenaron de lágrimas. Sacaste el rosario de tu madre y caminaste delante de mí. No me importo sabía cuanto significaba para ti.  Luego de ver esta imponente basílica de cuatro cúpulas, con decoraciones de mármol y mosaicos. Nos fuimos a merendar a la plaza de San Marcos. Nos habían dicho que era un excelente lugar para comer y ver a las palomas. Acabando de almorzar, nos divertimos con las palomas. Decidimos hacer un último paseo al Puente de los Suspiros. Uno de los más famosos de Venecia. La vista desde aquel lugar es increíble.  Desde allí pudimos ver las aguas del lago que baña todo la cuidad de Venecia.  Nuestro viaje terminó con el añorado paseo en góndola, que antes del viaje ya había soñado. Todo sucedió exactamente como lo soñé o era un sueño. “Pellízcame “, te dije. Tú volteaste a mirarme. “Estás loco”. Allí concluyó nuestro viaje a Venecia, el segundo viaje de nuestras vidas. Y quiero decirte vieja, que no me arrepiento de haber pasado 51 años a tu lado. Eres la mejor.                                                                                          Tu Viejo

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