El último viaje
Suena el despertador “No puede ser ya amaneció”. Me descubro el rostro, cubierto por la frazada, las cortinas estaban abiertas y un ligero rayo de sol se asomaba por mi ventana. Tenía que levantarme, pero mi cuerpo no quería dejar la cama tan cómoda. “El desayuno está servido”, dice mi madre, mientras que con ligeros movimientos me aparto de mi lugar de descanso. Antes de bajar a la cocina, voy al baño a darme un rápido aseo. Me pongo unos tenis, un polo y unos jeans. Bajo corriendo, tomo mi desayuno con mucha tranquilidad. “Sabes que Matías se muda”, dice mi padre, se me cae el pan de las manos. “¿Qué dices?, ¿Cómo te has enterado?”. “No puede ser, sino él ya me lo hubiera dicho”, pienso. “Está mañana me topé con su padre y me lo dijo. Parece que ayer tomaron la decisión. Es por cuestión de trabajo”. Dejé el desayuno, me paré y fui a la casa de Matías. “¿Por qué no me lo dijo?”, pensaba en el transcurso. Su casa quedaba a unas cuatro casas de la mía. Toco el timbre. “¿Está…?”. “Ya le aviso, pasa”, me contesta amablemente su madre. “¿Qué pasa Juanjo?”. “Me entere que te ibas a mudar, ¿Es cierto?”. “Mis padres me lo dijeron ayer y hoy iba a avisar a la banda”.”Pero ¿Por qué?” “A mi padre lo ascendieron y nos tenemos que mudar”.”Pero ya habíamos planeado el viaje, toda la banda se apuntó”.” No te preocupes si voy a ir, después de nuestro viaje, me mudo”. “Ya, entonces mañana con todas tus cosas vas a mi casa, ese va a ser el punto de encuentro”. Regreso a mi casa, algo triste, Matías había sido mi amigo desde pequeños. Desde que me mude. Él, Diego, Carlos y yo formábamos la banda. Y ahora él se iba. Ese día en la tarde Matías nos reunió y contó, lo que yo ya me había enterado. Carlos no dijo nada, característico en él. Diego, el líder del grupo, se dirigió a todos. “Desde niños hemos jugado juntos, hecho travesuras, formamos la banda, y hoy un miembro, un amigo, tiene que irse. Por eso, el viaje que teníamos planeado será su despedida.” “Te vamos a extrañar amigo”.
Muy temprano en la mañana, me despedí de mis padres y emprendí el viaje de mi vida. En la puerta estaban esperando Diego y Matías.”El Gordo todavía no viene, hay que esperarlo estará desayunando”, nos reímos. Llega el Gordo con un pan en la mano”. “Vamos que nos espera un largo viaje”
Nuestro destino era Aragón, un lugar ideal para el turismo rural. Tomamos un taxi y nos dirigimos hacia el Parque Natural de la Sierra y Cañones de Guara. Lo bueno era que no estábamos muy lejos del lugar, sólo a unas 3h30.
Llegamos a Guara, la naturaleza del lugar nos dejó perplejos, la belleza del paisaje y la infinidad de cañones, nos auguraban un viaje lleno de aventura y de contacto con la naturaleza. Los cuatro amigos nos dirigimos hacia el corazón de Guara, donde los guías profesionales tienen su sede. Un poco fatigados por la caminata, llegamos a Las Almunias de Rodellar, donde se encuentra “Expediciones”, un lugar especialmente acondicionado para hacer camping. El lugar esta ubicado estratégicamente en un bosque de pinos, creando un ambiente familiar y en contacto con la naturaleza. Nos recibe un guía y nos muestra los servicios que ofrecen: un restaurante, oficina de información turística, un bar, oficina de guías, alquiler de materiales necesarios para realizar montañismo y escalada. “Nos muestra el lugar para acampar”. “Síganme”. “Este es aparcamiento, le ofrecemos tiendas de campaña para dos personas, con colchonetas. La alimentación, movilidad y expediciones va incluido”. Decidimos que es una buena oferta y reservamos dos tiendas de campaña. Enseguida, otro guía viene a atendernos. Nos explica sobre el programa: Aventura Joven. Decidimos realizar el descenso de cañones, estábamos con toda la energía y no queríamos perder el tiempo. Además este programa es dirigido a jóvenes sin experiencia deportiva y se da en grupos. Un grupo ya estaba saliendo y nos unimos a él. Acompañados de guía profesional nos disponemos a empezar el descenso, actividad que se esta imponiendo en el lugar. Todos empezamos a descender y el Gordo como era de esperarse esta de último. “Vamos gordo tú puedes”, lo animamos entre risas. El desgaste físico de esta actividad es compensada con los paisajes naturales.
Luego del descenso, volvemos al campamento, comemos un poco y descansamos unas horas. El guía se nos acerca y pregunta si queremos hacer barranquismo. Nosotros aceptamos y nos dirigimos con él a seguir el curso del río, nos adentramos por espacios estrechos. Desde el fondo del barranco la vista del lugar es otra. Nos sentimos privilegiados de poder disfrutar las distintas vistas del lugar. Regresamos al campamento, estaba a punto de oscurecer.
En el campamento la tranquilidad del lugar en complicidad con el largo día de caminata nos sumergió en un sueño, que sólo el frío viento de la mañana pudo sacarnos. Después de disfrutar el alba, nos fuimos al restaurante. El hambre era intenso, comimos y mientras hablamos quedamos que este segundo día y el último en este bosque lo dedicaríamos a las aguas bravas. Fuimos en búsqueda del guía y con los accesorios necesarios nos dirigimos al río. Escuchamos con atención las indicaciones del guía, no queríamos ningún accidente, y manos a la obra. La corriente salvaje de esas aguas blancas y efervescentes, empujan nuestro kayak. “¿Gordo estas bien?”, pregunta Diego. “Sí”. “Sigan remando”, nos dice el guía. La experiencia es inolvidable, full adrenalina.
Al regresar del río, nos cambiamos nuestras ropas, mojadas por las incesantes aguas y preparamos todo para irnos. Antes de hacerlo despedimos a Matías con un abrazo y nos tomamos la fotografía del recuerdo. Rodeados de pinos y infinidad de cañones.

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