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Travel in Spain

22/01/2008 GMT 1

ABORTANDO EL VIAJE

travelspain @ 16:27

Cuando uno viaja, toma en cuenta muchas cosas, como el presupuesto del que dispone para realizar el periplo, los paquetes turísticos que va a tomar, evalúa los riesgos del viaje, por ejemplo si se trata de subir alguna montaña o esquiar. También nos preocupamos de la logística del viaje, alimentación y sobre todo de lo concerniente al alojamiento. La diversión también la podemos poner en la lista de nuestras previsiones y delimitamos con antelación lo que haremos durante el viaje. Un largo etcétera podría ser consignado en este párrafo, pero la verdad que lo que nos pasó hace un tiempo a quien escribe y otra pareja fue poco menos que increíble. Para esto, debo decir que los viajeros éramos cuatro, dos parejas, recientemente casados ambas. Mi amigo Jorge se había casado hacía menos de un año y su esposa ya tenía poco más de 12 semanas de embarazo, mientras que mi señora y yo habíamos decidido no encargar aún. El matrimonio no nos alejó como a otros grupos de amigos y siempre mantuvimos cercana relación, también ayudó el hecho de vivir en el mismo distrito y la relación laboral que guardábamos, es verdad. El hecho fue que planeamos un pequeño viaje de fin de semana a las afueras de la ciudad y no pensamos que ocurriría lo que finalmente ocurrió.

 

            Casi todos habíamos tenido unas dos semanas previas al viaje bastante recargadas en el trabajo, como dije, guardábamos relación laboral además de amical y teníamos una empresa que importaba algunos productos artesanales y comestibles procedentes de América, teníamos una tienda en la que vendíamos estos productos. En esas dos semanas previas al viaje, el trabajo se acumuló, era tiempo de stockearse y los pedidos que hicimos terminaron sobrepasando con largo nuestra capacidad de almacenaje. En tal sentido tuvimos que movilizarnos rápido para encontrar un segundo punto de acopio, pues corríamos el riesgo de ver pedida nuestra mercadería en los depósitos de la aduana y luego para recuperar esa mercancía, había que pagar un flete muy alto además de la mora correspondiente a los días de consigna. Ni hablar, no íbamos a dar nuestro brazo a torcer y nos afanamos en buscar un pequeño depósito, alquilarlo y empezar a rotar la mercadería lo más pronto posible. Todos metimos el hombro y recorrimos la ciudad en busca de dicho almacén, finalmente encontramos el que nos servía, lo alquilamos y luego entramos en los engorrosos trámites aduaneros para hacernos con nuestros pedidos, finalmente lo logramos y transportamos nosotros mismos todo el material en varios viajes de ida y vuelta. Corríamos contra el tiempo pues el tiempo del que disponíamos para nuestro viaje de vacaciones era ciertamente limitado y perfectamente programado en cronograma del cual no podíamos salirnos.

 

            Casi a las justas, logramos nuestro objetivo, la verdad estábamos bastante agotados, pero pensamos que el viaje nos sentaría bien y regresaríamos con las pilas recargadas. Si y no. Sucede que finalmente nos trasladamos a las afueras de Barcelona como dijimos, un viaje escueto, campamento par ase más precisos. Unos paseos por las lomas serían ideales para acabar con el estrés, quizá encontraríamos un río o un pequeño lago donde sentarnos a contemplar el movimiento de la fauna y el discurrir de las aguas. En verdad así fue, pero como veníamos de malas noches, nos vimos obligados a consumir gran cantidad de cafeína en su forma tradicional y también pastillas que contienen esta sustancia, un conocido y viejo combatiente del sueño que nos podía proporcionar un mayor estado de vigilia. Creo que nos excedimos, a decir verdad el desconocimiento nos llevó por estos senderos, nunca creímos que una práctica tan común, pudiera convertirse en una verdadera tragedia. En uno de los días del viaje, la mujer de Jorge comenzó a sentirse mal, se quejaba de fuertes cólicos en la zona abdominal. Tuvimos que abortar el viaje en ese momento y regresar a la ciudad casi de inmediato.

 

            Decidimos viajar de mañana, ni bien amaneciera pues no nos gustaba manejar en carretera de noche. Llegamos al hospital de Barcelona a eso de las 8 o 9 de la mañana. A los pocos minutos, el doctor que atendía a Mónica, salía con cara de velorio y le anunciaba a Jorge la pérdida del bebé que ambos esperaban. Mónica había sufrido un aborto espontáneo. El médico preguntó si había sufrido un golpe fuerte o si el viaje había resultado muy accidentado. Para nada. Simplemente le hicimos ver que veníamos de un par de semanas agitadas en el trabajo, mucho estrés pero Mónica nunca tuvo síntomas. Eso descartaba esa posibilidad según el doctor. Tenía que haber algo más. No se cómo recordé que tomamos mucho café la noche anterior. El doctor abrió los ojos como si hubiese ganado la lotería y enseguida, concluyentemente, nos informó que la cafeína es un abortivo potencial, muy peligroso sobretodo en las primeras semanas del embarazo. Era más que probable que esa hubiese sido la causa del aborto del viaje y del bebé.

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